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Decepción Miércoles, 19 Agosto, 2009

Posted by Cereal in Uncategorized.
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La decepción es una sensación curiosa.

En mi caso es de las pocas que me hacen inmutarme. O de las pocas que me cuesta mucho disimular llegado el caso.

Supongo que tiene que ver con que las cosas capaces de decepcionarme, pequeñas o grandes, son aquellas que han sido antes capaces de ilusionarme. Y eso es algo que no pasa muy a menudo. De hecho es algo casi excepcional.

Cuando aparece esa ilusión, sea con una base real o construida en el aire, es cuando soy capaz de moverme de verdad, de olvidarme de la pereza que de normal me persigue y se acomoda allá donde yo me siente. Y cuando esas ilusiones se ven truncadas (sí, lo sé, es una expresión de mierda pero es que venía tan al caso que no me ha quedado otra opción…) es como si de repente alguien tirara del freno de mano. Y se me cambia la cara. Y me siento tentado de enfadarme con el mundo. Y puede que lo haga en parte. Y tengo que hacer ímprobos esfuerzos (las frases hechas me acosan, socorro) para razonar, para volver a ser racional y objetivo. Para no tomar medidas desproporcionadas y de las que me arrepentiría sin lugar a dudas sin tardar mucho.

Curiosamente una vez pasada la ofuscación inicial, esa sensación física que me tensa los brazos y la mandíbula, cuando las razones se van abriendo paso por mi cabeza acabo descubriendo que casi siempre esa decepción se debe a imponderables y que no tengo derecho a culpar a personas concretas. Supongo que es una pena no tener alguien que, con razón, pague las consecuencias de semejante ignominia. Aunque, por otro lado, las pocas veces que las personas han sido de verdad “culpables de todos los cargos” las consecuencias han sido considerablemente notorias (creo que escribí un post sobre que no me hablo con mis padres hace tiempo). Así que, por mucho que me joda ser yo quien se ilusiona y quien se desilusiona solito, muchas veces incluso sin conocimiento previo ni posterior por algunos de los actores del “drama”, agradezco la capacidad de no actuar en caliente y de poder coger perspectiva en un plazo relativamente rápido.

Creo que las peores decepciones son las que se basan en ilusiones autogeneradas. Aquellas que surgen de hipótesis o de suposiciones que por cualquier razón meramente circunstancial se vienen abajo con facilidad. Y esto es porque son las que son más nuestras, las que son menos teóricas y responden mejor a lo que de verdad queremos de una forma más intensa, más invidual, más oscura a veces…

Decepcionado pues.

Pero aún así, curiosamente ilusionado.

La vidad a veces es tan rara que casi me dan ganas de sonreír. Pero sólo casi…

Comentarios»

1. Meli - Sábado, 22 Agosto, 2009

¿Por qué lo más difícil de conseguir nos atrae más?…yo no lo entiendo!!

2. llarina - Martes, 25 Agosto, 2009

una amiga, de esas que se tienen en la adolescencia, y una cree que serán eternas, aunque el tiempo demuestre lo contrario, decía algo que nunca he olvidado: decepcionar/defraudar es la palabra más triste del diccionario. Probablemente tenga razón, en todo caso esa palabra produce una herida que deja cicatriz, en nuestras manos está cuidar esa cicatriz para que permanezca eternamente o intentar olvidar que tenemos la piel marcada, para darnos otra oportunidad,

espero que optes por lo segundo

3. Maruxiña - Martes, 25 Agosto, 2009

Esto suena a cotilleo de los buenos…pero me parece que nos vas a dejar con las ganas ;)

Las decepciones, como las ilusiones, le dan salsa a la vida.

4. M. - Sábado, 29 Agosto, 2009

La decepción no me tensa la mandíbula ni los brazos, más bien me deja sin fuerzas, sin fuerzas para enfadarme y sin fuerzas para evitar los pensamientos que me peleen con el mundo, cosa que en situaciones normales evito a toda costa. Me deja sin ganas de comer, de hablar (ya eso en mí es síntoma de gravedad), hasta de moverme, pero me deja una herida que duele aunque no me mueva. Pasando los días si se debe a imponderables voy entrando en razón, pero si se debe a personas concretas, pasan a mi “libro de las decepciones” y ahí ya no hay nada que hacer, o por ahora nadie ha salido de ese libro, que, por suerte, tiene pocas páginas.