MMIX Miércoles, 6 Enero, 2010
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Familia. Madrid. Cine. El Escorial. Navidad genial. Despedida colectiva. Vacas. Mucho cine. Exceso. Desconcierto. Hastío. Madrid. Desencadenante. Madrid. Consumación. Madrid. Establecimiento. Teleférico. Boda. Más vacas. Fotos. Tortillas. Londres. Cumpleaños fallido. Mudanza. Más teleférico. Cumpleaños exitoso. Fin de obra. Nueva (crack) York. Washington. Conmoción. Pareja. Obra nueva. Segovia. Mi cumpleaños. Valencia. Madrid. Más Madrid. Más fotos. Torrevieja. Granada. Establecimiento. Fútbol. Noche en blanco. Otro cumpleaños exitoso. Toros. Distancia. Chinchón. Bélgica. Bicicleta. Una más en la familia. Málaga. Barcelona. Madrid. Caos. Más Madrid. Wii. El Escorial. Silencio. Familia. Amigos. Madrid. Más familia…
MMX: Familia. Fuenlabrada…
Cuidarse Martes, 1 Diciembre, 2009
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“De repente un día te levantas y no reconoces a la persona que te mira desde el otro lado del espejo”.
Creo que he leído u oído esa frase demasiadas veces como para darle importancia. “Es un cliché”, pensaba. O simplemente no pensaba.
Pero hete aquí que un día te miras y te acuerdas de la dichosa frasecita y te preguntas quién coño es es tío con gafas, con barba de 6 días pero que parece de tres y con unas entradas que dejaron de ser incipientes hace más de lo que me atrevo a recordar… “De repente” mi cuerpo se ha rebelado y ha tomado como su principal función recordarme su existencia y los “pequeños inconvenientes de nuestra convivencia”.
¿Es esta la base de la crisis de los 30? ¿Es la parte común a todos los que la sufren o al menos coqueteamos con ella? ¿Nos damos cuenta de que somos adultos no porque haga más años que acabamos la carrera de los que estuvimos en ella sino porque hay muchos más días al año que vas a ver a personas con bata que días que te acuestas después de las 3 de la mañana?
Periodontitis, hipermetropía, astigmatismo, sobrecarga en la muñeca con aspiraciones a síndrome del túnel carpiano, esguince de tobillo prácticamente irreductible, rodillas crujientes al montar en bici… Nada grave por suerte pero si lo juntas todo y le añades un flotador resulta que vas a la deriva y un escalofrío te estremece cuando te das cuenta de que la corriente te lleva a una catarata (ajena, de momento, eso sí).
Nada grave, repito. O sí, porque ahora mi vida no es como antes. Son pequeños detalles, rutinas compartidas por un enorme porcentaje de la gente que veo, pero que ahora que son mías, o están empezando a serlo hacen que la perspectiva cambie. Será el astigmatismo.
Ahora tardo casi 10 minutos en lavarme los dientes, tengo dos pares de gafas que me han curado los dolores de cabeza, llevo 6 semanas intentando infructuosamente que mi tobillo recupere su volumen normal, 4 fisios mediante, mi ratón tiene debajo una alfombrilla con relleno de silicona y me he apuntado a un gimnasio…
Dice mi psicóloga, la de pago no, esa me dió el alta, que he sustituido mi aficción a hacer entrevistas y quejarme de mi trabajo (daños colaterales de la crisis) por una nueva consistente en ir a la mayor cantidad posible de médicos para mantenerme ocupado y tener algo de lo que quejarme. Obviamente nunca le daré la razón. Pero hace meses que no se refiere a mí como “soltero treintañero sexy”. Y no creo que sea sólo porque tengo 31…
Eppur si muove
Decepción Miércoles, 19 Agosto, 2009
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La decepción es una sensación curiosa.
En mi caso es de las pocas que me hacen inmutarme. O de las pocas que me cuesta mucho disimular llegado el caso.
Supongo que tiene que ver con que las cosas capaces de decepcionarme, pequeñas o grandes, son aquellas que han sido antes capaces de ilusionarme. Y eso es algo que no pasa muy a menudo. De hecho es algo casi excepcional.
Cuando aparece esa ilusión, sea con una base real o construida en el aire, es cuando soy capaz de moverme de verdad, de olvidarme de la pereza que de normal me persigue y se acomoda allá donde yo me siente. Y cuando esas ilusiones se ven truncadas (sí, lo sé, es una expresión de mierda pero es que venía tan al caso que no me ha quedado otra opción…) es como si de repente alguien tirara del freno de mano. Y se me cambia la cara. Y me siento tentado de enfadarme con el mundo. Y puede que lo haga en parte. Y tengo que hacer ímprobos esfuerzos (las frases hechas me acosan, socorro) para razonar, para volver a ser racional y objetivo. Para no tomar medidas desproporcionadas y de las que me arrepentiría sin lugar a dudas sin tardar mucho.
Curiosamente una vez pasada la ofuscación inicial, esa sensación física que me tensa los brazos y la mandíbula, cuando las razones se van abriendo paso por mi cabeza acabo descubriendo que casi siempre esa decepción se debe a imponderables y que no tengo derecho a culpar a personas concretas. Supongo que es una pena no tener alguien que, con razón, pague las consecuencias de semejante ignominia. Aunque, por otro lado, las pocas veces que las personas han sido de verdad “culpables de todos los cargos” las consecuencias han sido considerablemente notorias (creo que escribí un post sobre que no me hablo con mis padres hace tiempo). Así que, por mucho que me joda ser yo quien se ilusiona y quien se desilusiona solito, muchas veces incluso sin conocimiento previo ni posterior por algunos de los actores del “drama”, agradezco la capacidad de no actuar en caliente y de poder coger perspectiva en un plazo relativamente rápido.
Creo que las peores decepciones son las que se basan en ilusiones autogeneradas. Aquellas que surgen de hipótesis o de suposiciones que por cualquier razón meramente circunstancial se vienen abajo con facilidad. Y esto es porque son las que son más nuestras, las que son menos teóricas y responden mejor a lo que de verdad queremos de una forma más intensa, más invidual, más oscura a veces…
Decepcionado pues.
Pero aún así, curiosamente ilusionado.
La vidad a veces es tan rara que casi me dan ganas de sonreír. Pero sólo casi…
“No sabes estar solo” Lunes, 20 Julio, 2009
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Hacía tiempo que nadie me decía esa frase.
Obviamente no ha sido la primera ni la décima vez que me la han dicho en los últimos… bueno, en los últimos años a secas.
Inmediatamente, y como una especie de acto reflejo, yo contesto invariablemente con algo que empieza por “No…”. Pero como hacía tiempo que no oía esas cuatro palabras de repente me sonaron a nuevas y “una serie de catastróficas desdichas” han hecho que esta semana, desde que volví de Nueva York, haya tenido tiempo para volver a pensar en su significado.
Y, esforzándome por ser sincero conmigo mismo, he de reconocerme que sí, que es verdad, que no sé estar solo, que no me gusta pasar mucho tiempo solo y que hago florituras para evitarlo.
Tengo, obviamente, mis momentos. Ratos en los que estoy lo suficientemente cansado o lo suficientemente desconectado del mundo; momentos en los que el cuerpo me pide reposo y mi mente (algún día tendremos que empezar a pensar por qué los separamos cuando hablamos así) está en uno de esos raros momentos en los que no empieza a divagar a la mínima oportunidad. Pero son eso, momentos.
Lo “normal” es que evite los ratos largos de soledad “incontrolada”. Lo que suelo hacer es intentar llenarme la agenda. A veces una persona puede llenarla durante semanas y otras veces tengo que quedar con 4 ó 5 en una tarde…
Lo que no alcanzo a saber es si es malo, si es un problema… O si simplemente pasé tanto tiempo solo en una época de mi vida que no quiero volver a acercarme a esos recuerdos…
Encajar Martes, 7 Abril, 2009
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Hoy he comido en uno de los restaurantes más caros de Madrid. Más caros, con más solera y con su correspondiente Estrella Michelín. En la mesa éramos 7 personas. 6 ingenieros y un arquitecto. Yo el más joven, 10 años más joven que el siguiente y el único sin camisa.
Desde ese restaurante, desde la ventana, se ve la Plaza de España con sus zonas de césped llenas de guiris y de oficinistas que se bajan a comer sus tuppers o sus ensaladas del McDonalds tomando el sol… Y yo me he descubierto a mí mismo mirando por esa ventana, dejando de escuchar, o de oír, una sesuda disertación sobre “los toros no son lo que eran”, y queriendo estar al otro lado del cristal, pagándome yo una ensalada prefabricada y comiendo en el césped con mi psicóloga (la de pago no, la otra) en lugar de comiendo un platito de diseño tras otro…
Momentos como este son los que me recuerdan que no acabo de encajar, que antes o después tendré que aprender a hacerlo o encontrar un sitio en el que esté cómodo, que aunque todo vaya bien, es circunstancial.
En los buenos momentos es importante mantener la guardia alta. Aunque tengo curiosidad por saber qué pasaría si la dejo caer…
Caminar… Jueves, 2 Abril, 2009
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De repente un día llegas a casa y te das cuenta de que algo tan cotidiano como encender la tele de tu habitación mientras cenas es algo que hace mucho tiempo que no haces. Y en ese momento es como si te pararas a ver una fotografía de alguien en movimiento. Y ese alguien eres tú. Y piensas que la vida es dar dos pasos hacia delante y uno hacia atrás. Pero si haces una foto en ese instante en el que acabas de terminar de dar el primer paso y empiezas a dar el segundo, y si de repente te paras a mirarla, es como si llevaras toda la vida andando, como si ir hacia delante fuera lo más natural del mundo, como si supieras exactamente a dónde vas y por dónde ir…
Y resulta que te gusta ser es persona que sabe de dónde viene y a dónde va, que apenas se reconoce viendo la tele desde la cama mientras cena sobras, que quiere estar en otro lado pero está bien allí, solo. Y no sabes muy bien en qué momento diste el primer paso porque antes de darlo no sabías a dónde querías ir y tienes la sensación de llevar mucho tiempo parado o, como mucho, dando sólo un paso alante y otro atrás… Tanto tiempo como 3 años en los que tu vida apenas ha cambiado pero tú sí… 3 años que te han preparado, o eso crees, o eso esperas, para ponerte en marcha por fin.
Y dudas, claro que dudas. Dudas de si de verdad estás preparado para andar, de si de verdad sabes a dónde vas, de si no serán imaginaciones tuyas, o la primavera, o la Luna, o un complot mundial el que hace que todo parezca diferente. Pero la verdad es que no te importa mucho todo eso, porque en la foto sales bien. Hasta parece que estás a punto de echarte a reir.
No tengo ni idea de a dónde voy. Y tampoco me importa mucho. Me conformo con moverme….
¿Crees en Dios? Jueves, 19 Febrero, 2009
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“No, no tengo esa suerte”.
Nunca he pensado mucho en la muerte. Ella nunca se me ha acercado mucho así que yo procuro no molestarla tampoco.
He debido de ir 4 veces al tanatorio en mi vida… y nunca por nadie cercano. Pero últimamente parece que es un pensamiento cada vez más recurrente, que cada vez más cosas en mi entorno me hacen mirar más allá.
Siempre he sido ateo. En mis mejores días me defino como agnóstico sin conocer la diferencia real más allá de la diferencia teórica. Porque, de hecho, saber que algo no existe o no saber si existe no varía en nada mi presente, mi forma de vida. Al menos como podría hacerlo el saber que ese algo sí existe.
No tengo esa suerte… No tengo la suerte de pensar que tendré un consuelo cuando la muerte haga algo más que rozarme o ser algo que simplemente sé que existe, como la gran barrera de coral o los neutrinos… No puedo pararme a pensar en qué habrá después porque si me paro sólo me sale “nada”. Y “nada” es una palabra demasiado grande. Tan grande que hace que este “todo” se desluzca, aún cuando debería ser al contrario. Debería tratar de disfrutar ahora lo que “sé” que no podré disfrutar después, ya que no creo en ese después.
Me gustaría creer en Después. Me gustaría mirar al frente si miedo, con curiosidad. Me gustaría poder tener respuestas para las preguntas que algún día me haré y me harán. No quiero contestar “no lo sé”.
Odio no tener respuestas. Así que intentaré no hacerme preguntas…
“Dormir” Lunes, 9 Febrero, 2009
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Vivo solo. Así que, casi siempre, duermo solo. Lo cual no está nada mal porque significa que a veces no.
Hace casi tres años salí de una relación politraumática. Politraumática en su final y muy larga en su desarrollo. Mucho. Me cuesta recordar esa época. La época en la que me mudé, en la que empecé a vivir solo, o a vivir a secas, y dejé de ir tirando.
Durante mucho tiempo apenas me fijaba en las chicas. Digamos que la sombra era demasiado alargada. Y algunas heridas tardan en cicatrizar. Así que, más allá de reconocer el hecho cierto de las bondades del otro género, mi vida seximental estuvo bastante tiempo aparcada.
Después, poco a poco las hormonas vuelven a equilibrarse, las cicatrices se siguen viendo pero ya casi no te las tienes que rascar. Y el sexo vuelve a apetecer. Pero te apetece el sexo en sí mismo, como idea, como hecho, no como algo que compartir. Y al final acaba llegando. Todo acaba llegando. Y es todo tan raro, tan diferente, tan nuevo que haces poco más que preguntarte qué coño estás haciendo tú ahí, así…
Luego esa fase pasa. Todo pasa. Y sigues sin buscar personas, buscando cuerpos. Sabes que esas personas no van a estar a la altura por muy altas que estén… Sabes, aunque lo niegues, aunque te lo niegues, que esas personas no van a llenar nada más que tu cama, pero eso es más que suficiente algunas noches.
Pasa el tiempo y ves como las cosas van cambiando y además de no dormir solo te apetece no despertarte solo. O incluso dormir sin comillas. Intentas que el hueco sea cada vez más pequeño. Sabes que no pasará pero vas dando pasos.
De repente un día las cosas cambian. Es un cambio sutil en la forma pero profundo en el fondo. Ya no buscas cuerpos. Ni siquiera buscas cuerpos con una mente afín. De repente una mañana te despiertas con alguien y te das cuenta de que el sexo es lo de menos, que es algo que simplemente pasa, o no. Que lo que quieres en tu vida son personas, no “gente”. Personas que sean capaces de hacerte reír y no que te rían las gracias. Personas por las que hacer cosas y con las que hacerlas. Y así he conocido a algunas personas increíbles y que me han hecho dudar de la respuesta cuando me han preguntado si era feliz…
Teóricamente la próxima fase debería ser la última. O al menos la que cerrara el ciclo. La fase en la que encuentras a esa persona que hace que no quieras dormir con ninguna más, en la que el pasado es sólo algo que pasó y el futuro algo más que una palabra… Pero esa fase no ha llegado. Será ella la que llegue. Yo no voy a ir a buscarla.
De momento sólo me voy a dormir. Solo.
Abuelos Lunes, 26 Enero, 2009
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Hace años que no me hablo con mis padres. Con ninguno de los dos.
La razón no viene al caso, por aburrida (al menos para mí), aunque supongo que parte de mi relación pasada con ellos tendrá que ver con mi forma de ser actual.
El caso es que desde siempre, incluso cuando era un “niño normal con familia feliz y estructurada” mis abuelos, y sobretodo mi abuela, han sido muy importantes para mí. Siempre han vivido en mi barrio, cuando era muy pequeño ella me cuidaba, me daba de comer, dormía muchos días en su casa…
Supongo que no es nada excepcional, que muchos tenemos abuelos que nos han cuidado, que nos han educado en cierto modo. Pero para mí mi abuela siempre ha sido algo más, aunque nunca se lo haya dicho.
Siempre ha sido la persona que de verdad se ha preocupado por la familia para empezar. Analfabeta, extremeña, con tres hijas embarazadas antes de ser mayores de edad, un hijo pequeño caprichoso y manipulador y un marido alcohólico ha conseguido tantas cosas que mis dos carreras, mi sueldo que cuadriplica a su pensión y todo el resto de lo que he conseguido parezca pequeño…
Hoy, como todos los domingos desde que recuerdo, he ido a merendar a su casa. Porque es “la casa de mi abuela”, no la de los abuelos. Allí nos jutamos todos. Hijos, nietos, a veces una bisnieta, parejas de nietos… Unas 45 meriendas dominicales al año con entre 4 y 15 personas… Y desde hace unos años otras tantas cenas en días de diario. Allí sólo con ellos y mi hermano.
Son momentos sorprendenteme rutinarios y casi cronometrados. Es “casa” como diría Míriam.
Por desgracia sólo puede ser “casa” un par de ratos a la semana. Y hay días que parece que el tiempo ha pasado muy rápido. Demasiado rápido. Que “Abuela” (no sé por qué nunca fue Yaya ni nada parecido) se hace mayor. Que pese a tener más energía y más voluntad que los otros 14 juntos, hay días que sólo quiere estar sola y no tener que preocuparse de nosotros. Que está cada vez más cansada de las pocas alegrías que le damos y que cada vez menos compensan los disgustos. Hay días que Abuela parece una viejecita en lugar de la persona bajita y que nos mantiene juntos pese a todo.
Y esos días, egoísta de mí, me cuesta no pensar en el futuro. En mi futuro sin ella. Y es una de esas muy pocas cosas que me hacen tragar saliva y mirar a otro lado. Para ser una persona que no habla con sus padres y cuya relación con su hermano está pendida de un hilo sobre el garete, soy muy familiar a mi manera. Y me da pavor pensar qué pasará cuando ella muera. No sólo por su ausencia que no alcanzo a imaginar. Sino porque me temo que cuando ella no esté dejaré de tener una familia como tal. Y aunque la familia sea esa cosa que no podemos elegir, yo quiero a la mía conmigo. Y si algún día tengo hijos quiero que tengan algo más que unos abuelos a los que yo nunca podré llamar Papá y Mamá. Y que puedan conocer a le mejor persona que he conocido nunca y a la que más quiero y he querido… aunque nunca se lo haya dicho.
Sólo espero haber aprendido algo de ella y seguir pudiendo creer que ella está orgullosa de mí y que sigo siendo su favorito aunque las velas a San Antonio no me hayan conseguido una novia pese a todos sus esfuerzos.
Porque a veces eso es TODO lo que necesito…
PD: no me gusta nada este post, pero ha salido así… y como dice una amiga mía “todo pasa por algo”…
Provisionalidad Miércoles, 14 Enero, 2009
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Hoy he vuelto a ver a mi psicóloga, la de pago.
Últimamente estaba pensándome muy en serio dejarla. O dejar del tratamiento, vamos. Pero he de reconocer que hoy me ha venido bien la charla. Últimamente es lo único que hacemos… 1 € / min aproximadamente de autorreflexiones y verbalizaciones… Pero a veces eso es más que suficiente.
Nos vemos tan poco (una vez al mes o cada 5 ó 6 semanas en ocasiones) que básicamente sólo hablamos de las cosas más “significativas” de ese periodo.
Y hoy hablando de las venturosas Navidades hemos acabado hablando de la provisionalidad de mi vida diaria, de la falta de un proyecto vital, de algo que ver crecer y “trabajar”, algo que me ilusione en fin.
Obviamente no es esa la única razón de mi “falta de alegría”… Hay mil cosas en el pasado y en el presente que no están bien y que no se “curan” sólo por saberlo. Pero en eso no hay ninguna diferencia con el común de los mortales. Pero sí reconozco que, por mucho que no me falte de nada, nada de lo que tengo me llena.
Es un círculo vicioso donde nada me llena y nada me ilusiona lo suficiente como para moverme de verdad. Es fácil equiparar la ausencia de ilusiones, la ausencia de un “objetivo vital” con la falta de pareja. Es una tentación muy fuerte. Y tal vez esa tentación es la que me lleva a conocer a una chica tras otra y a tener “relaciones de pareja” con el nimio detalle de la falta de ilusión que da la gran A, o al menos su posibilidad. Y tal vez esa forma de relacionarme es la que hace que acabe haciendo daño a personas que se merecen todo lo contrario. Tal vez hoy, o ayer, o el domingo, perdí definitivamente a una de esas personas. Tal vez la persona que más cerca ha estado de romper esa barrera invisible e incapacitante que me rodea y de la que no consigo deshacerme. Pero sigue sin haber suerte: las mariposas siguen dormidas… así que el sistema vuelve a reiniciarse.
Llegado a este punto, llegado al punto en el que empieza a ser ridículamente obvio que nada me va a cambiar de forma externa, que por mucho que yo espere “a la chica ideal” o que me echen del trabajo o que en Idealista aparezca un apartamento en Martín de los Heros por 800 € con garaje y trastero, son cosas que probablemente nunca pasarán por sí solas.
Así que empieza a ser el momento de tomar decisiones, de moverme, de hacer algo más que quejarme y mirarme el ombligo. De demostrarme a mí mismo que cagarla no es peor que no intentarlo y que a la pregunta de “¿Qué es lo peor que puede pasar?” la respuesta es “No lo sé, pero nada muy grave, seguro” y que si algún día quiero ilusionarme con algo tengo que empezar a esforzarme en cambiar las cosas que me apetecen o que no me gustan, aunque no sean la solución por sí mismas.
De momento mi objetivo más realista, en vista de la “acuciante crisis” y que a los jefes de obra no se nos rifan, y menos nos mantienen el sueldo con todos los que hay en el paro, es cambiar de casa.
Así que si alguno sabe de un apartamento apañado por el centro con garaje, o posibilidad de él, que no pase de los 1.000 €, con el garaje incluido, que no dude en avisarme. Le invitaré a la inauguración
Mientras tanto seguiré trabajando en lo demás y tratando de no tener continuamente esta puta sensación de que todo lo bueno que tengo es provisional y que es cuestión de tiempo perderlo o que empeore.
Veremos…